Los números no salen

LOS NUMEROS NO SALEN (Y LOS NUMEROS NO SE DISCUTEN)

El dato lo ha sacado esta semana el periódico catalán La Vanguardia.

En España actualmente hay 54.000 agencias inmobiliarias.

Difícil saber de dónde sale el dato, como sabéis no hay un registro único pero no creo que sea muy lejano de la realidad. Estamos en pleno ‘boom’.

El efecto “ascensor” en el sector ha sido espectacular en los últimos 20 años.

Pasamos de las más o menos 20.000 de los mediados de los 90 hasta las 80.000 (pero hay quien dice que fueron casi 100.000) en 2007.

Luego vino la crisis y… en tres años la cifra volvió a bajar a 25.000 como mucho.

Siempre que hablo de esto añado una anécdota personal: En la zona donde empecé a trabajar, lo que los madrileños llaman Argüelles había, en 1996, 4 agencias inmobiliarias. 4 contadas con nombre y direcciones.

A finales de 2007 en el mismo cuadrado había casi 70. En 2012 había otra vez 5 y ahora mismo estamos por encima de las 40. Espectacular y explicativo.

¿Y las ventas? Porque tantas agencias deberán vivir de algo. Esta parte del discurso es probablemente la clave.

En 2007 en España se vendieron “all inclusive” más de 1.000.000 de viviendas, más que en Francia, Alemania y Inglaterra juntos.

En 2012…215.000. una bajada del 80%.  Ningún sector ha sufrido tanto en la crisis. Ninguno.

Para el 2018 los analistas vaticinan una cifra cercana a las 500.000 compraventas (que muchos opinan ser el numero óptimo para el mercado español, muy influenciado por las compras de segundas viviendas).

La Vanguardia habla de que el 65% de las compraventas son gestionadas por las inmobiliarias. Es el porcentaje más optimista que he leído nunca.

Dándolo por bueno estamos hablando que nuestras 54.000 agencias realizan más o menos 325.000 operaciones ¿Cuánto resulta 325.000 dividido entre 54.000? 6. Seis operaciones de media.

Analizarlo es difícil pero el dato es un dato. Indiscutible. Alguien no vende. Por eso las estadísticas de cierre (que se deberían añadir siempre a todos estos estudios de crecimiento) son igual de importantes.

El mismo artículo marca además en 30 el numero de operación para considerar una agencia “rentable” (aquí estaría bien una reflexión sobre la diferencia entre negocio y profesión en el sector, pero lo dejo para otro artículo) así que ¿el número de inmobiliarias sostenibles serían menos de 11.000?

Algo no cuadra en este sector. Pero lo que no cuadra es sobretodo la falta clara de datos reales, análisis de los mismos, pero desde un punto de vista profesional, y no periodístico.

 

Baci e abbracci.

 

 

 

 

 

 

La World Cup de Subbuteo necesita una revolución.

Me gusta una cosa de los Campeonatos del Mundo de Subbuteo (o Fútbol de mesa como lo llaman los profesionales): su característica de internacionalidad.

No termino de creerme que hay personas que cojan un avión desde Japón o desde Australia para jugar 4 partidos de Subbuteo.

Llevo ya unos cuantos años (12 por la precisión) frecuentando este mundillo “freaky, pero muy organizado” (como digo) muy a menudo, pero no salgo de mi asombro cada vez que me cruzo con Kenzo Koi, presidente de la federación japonesa o con la delegación americana o más aun con 8 (¡¡¿¿ocho??!!) representantes de Singapur que se han hecho 7.000 kilómetros para dar rienda suelta a una pasión.

El primer fin de semana de septiembre han estado todo ellos jugando en Gibraltar. Hemos vivido todos juntos un evento curioso (porque un campeonato del mundo de un juego/juguete nacido hace 71 años sigue siendo algo muy llamativo), jugado en la única colonia inglesa en Europa que de por si es ya un lugar muy curioso. Y muy bonito por cierto.

 

 

Por todo lo demás aspectos, el mundial no me gusta. Nada. Pero no sólo a mí. La sensación es que está perdiendo esmalte e importancia.

Quien propuso jugar un campeonato del mundo todos los años toma como ejemplo el ciclismo, y se equivocó.

No somos el ciclismo en nada, no tenemos ni la millonésima parte de su importancia y difusión. Imitarlo no sirve. Además porque tampoco en el ciclismo tiene mucho sentido (¿es más importante ganar el Mundial o la Paris-Roubaix?)

Tampoco sirve jugar 6 categorías (Open, Veteran, Ladies, Sub19, Sub15 y Sub12), sumando que se juega individual y por equipos, cada edición, cada año celebra 12 títulos mundiales, 12 finalistas, 24 semifinalista con la peculiaridad de que teniendo en cuenta que cada equipo tiene 6 jugadores al final del weekend puede haber más de 150 personas festejando… “algo”.

Imposible que nos tomen en serio. Ni los patrocinadores, ni sobre todo los medios. Y ya tampoco mucho jugadores de elite que lo consideran un torneo más.

La FISTF, la federación mundial ha tomado cartas en el asunto y ha decidido que la World Cup se dispute cada dos años. Algo es algo. Pero falta algo. Falta reducir categorías.

Es un argumento muy impopular en un mundillo donde ganar “es lo único que importa” pero creo que debería haber sólo tres categorías: Open, Juveniles y Mujeres. Y si me apuran dos, porque las mujeres deberían jugar juntos con los hombres a un juego que no tiene diferencias de tipo físico.

Así que mi propuesta, drástica es:

· Sólo tres categorías (le sigo dando vuelta a que sean sólo dos, porque sería un gesto concreto, y real, a favor de la igualdad) sólo los 16 mejores jugadores que se clasifican a través de un ranking mundial que se elabora sobre base bianual o trienal.

· Viaje y estancia pagada a los 32 mejores jugadores (o 48) y a los 8 equipos mejores equipos (con integrantes de las tres categorías) 2 Open, 1 mujer (o no) y un juvenil.

Entonces si ganar un campeonato mundial sería algo muy importante aunque sea en un juego tan curioso como el nuestro.

Lo que sí tengo seguro es que esta fórmula hace un flaco favor a todo el movimiento internacional.

 

¿No creéis?

 

 

 

Subbuteo, un estado de ánimo.

El Subbuteo no es un juego, es un estado de ánimo.

¿Exageramos? Los millones de aficionados a este juego, repartidos a lo largo del mundo, no dirían lo mismo.

Desde 1947 el Subbuteo, una reproducción en escala del juego del fútbol que su inventor,Peter Adolph, quería destinar a los marineros británicos, ha ido mucho mas allá del simple concepto de juguete. En estos casi 70 años de historia, lo que ha empezado como un juguete, hecho a mano en la campiña del Kent, se ha trasformado casi en una filosofía.

Hay dos generaciones de niños que han aprendido a compartir, competir, disfrutar y a organizarse gracias a esta idea casi mágica: los que han sido niños en los años ’70 y en los años ’80. En algunos países como Italia, Reino Unido, Francia, Bélgica, Holanda y España la llegada del Subbuteo a las estanterías significó una auténtica revolución.

Algunos datos: juguete del año en Inglaterra por tres veces (único en la historia) juguete del año en 15 países diferentes, distribución en mas de 70 países, (incluido Singapur, Australia, Japón o Chile). Sólo en 1974, y solamente en el Reino Unido, se vendieron más de 500.000 referencias…una auténtica barbaridad, si tenemos en cuenta los canales de distribución de la época y los precios, no muy económicos ya que era un juguete hecho a mano.

A final de los ’60 un porcentaje importante de los ciudadanos de Tumbridge Wells, una ciudad de 56.000 habitantes en el condado de Kent, trabajaba para Adolph, fabricando, pintando y asemejando las figuras y las cajas de Subbuteo, que se vendían cada vez más.

Sin embargo, para entender el por qué este juguete se ha trasformado en una leyenda hay que volver al 22 de agosto de 1970. En ese año se juega el primer campeonato del mundo en Londres de Subbuteo organizado da la Haddington, la empresa internacional que compró los derechos a Peter Adolph (cuenta una de las anécdotas que siempre han rodeado al mundo Subbuteto, que Adolph decidió vender la marca la misma mañana que se dio cuenta que tenía chofer) y el juego se transforma en mito.

La competición fue el pretexto que necesitaba el juego para despegar definitivamente. De hecho, cada 4 años, los chicos de medio mundo competían primero en torneos organizados por los barrios, y luego en los coordinados por las ciudades, las regiones y así sucesivamente hasta llegar a soñar con representar al proprio país en un campeonato mundial. De esta época es, una de las grande leyendas de este juego, Andrea Piccaluga, italiano de Pisa, que en 1978 ganó el titulo mundial para Italia y se trasformó en una especie de rock star del Subbuteo. La Waddingotn aseguró su dedos por un millón de libras y se lo llevó de gira para el Reino Unido donde jugó casi 400 partidos de demostración ganándolo todos a excepción de un empate.

El éxito del juego fue imparable en los ’70 y en los ’80. En España llegó al máximo esplendor en 1981 gracias a una famosa promoción del Cola Cao. En 1982 la Federación Española contaba con 35.000 jugadores federados. En todo el mundo se organizaban competiciones nacionales y la Federación Internacional organizaba también la Champions League y La Copa de Europa.

Luego llegaron los años 90 y la aparición de los videojuegos cambió su curso. El juego, que en la actualidad es propiedad de la Hasbro, una de las más importantes empresas de juguetes del mundo, sufrió una profunda crisis trasformándose más en un producto de nicho, casi para nostálgicos. Aunque la actividad deportiva ha seguido su curso (se juegan casi 300 eventos oficiales al año en todo el mundo, en 48 países) el juguete en sí había desaparecido. En 2010 un nuevo despertar gracias también a una serie de intuiciones felices por parte de una empresa española que volvió a apostar por esta marca tan legendaria.

Hoy Subbuteo ha vuelto con fuerza. Se distribuye otra vez en mas de 20 países y al clásico juguete se han unido un montón de licencias en sectores como el textil, menaje del hogar, tecnológico, papelería y hasta en libros.

Subbuteo, que es el nombre científico de un halcón (Adolph era ornitólogo) vuelve a ilusionar a los niños de hoy y a los niños de entonces, hoy padres emocionados delante del sueño de su infancia.

“Subbuteo… ¿seguimos jugando?”